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Día 04 (24-03-2016)

LECTIO DIVINA

Día 04 (24-03-2016)

Jueves Santo

Juan 13,1-15

 

  1. Evangelio según san Juan 13,1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasara de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote hijo de Simón que lo entregara, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena, se quitó su manto y, tomando una toalla, se la ciñó.

 

Luego puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido.

 

Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo: -- Señor, ¿tú me lavarás los pies?

 

Respondió Jesús y le dijo: -- Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora, pero lo entenderás después.

 

Pedro le dijo: -- No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: -- Si no te lavo, no tendrás parte conmigo.

 

Le dijo Simón Pedro: -- Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza.

 

Jesús le dijo: -- El que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

 

Él sabía quién lo iba a entregar; por eso dijo: "No estáis limpios todos".

 

Así que, después que les lavó los pies, tomó su manto, volvió a la mesa y les dijo: -- ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros, porque ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que lo envió.

 

  1. Meditación

 

San Juan abre la descripción de la última noche en la vida de Nuestro Señor mostrando el gesto del lavatorio de los pies a sus discípulos, un gesto de gran cariño y humildad. Tan impresionado quedó el discípulo amado del detalle del Maestro, que  introduce la narración diciendo: “Habiendo de amado a los suyos los amó hasta el extremo”. Es decir, de manera total. Este amor resplandecerá de manera, de modo eminente en su muerte. La narración menciona el diálogo entre Jesús y Pedro, quien no alcanza a comprender del todo el gesto. Pero al final entiende y queda tranquilo. Jesús les indica la obligación de ser serviciales y vivir la fraternidad: “ustedes también deben lavarse los pies los unos a los otros”.

 

  1. ORACIÓN

 

Jesús, ven, tengo los pies sucios,

Por mí te has hecho siervo,

versa el agua en la jofaina;

Ven, lávame los pies...

Lo sé, es temerario lo que te digo,

pero temo la amenaza de tus palabras:

“Si no te lavo los pies,

no tendrás parte conmigo”

Lávame por tanto los pies,

para que tenga parte contigo.

(Orígenes, Homilía 5ª sobre Isaías)

 

  1. ACCIÓN

 

Hagamos un esfuerzo por fomentar la fraternidad con nuestras familias, con la comunidad cristiana y con todos los demás.

 

Felicita a los hermanos de tu comunidad cristiana, a los sacerdotes que están a tu servicio.

 

Recuerda con frecuencia el mandamiento del amor: Un mandamiento nuevo nos dio el Señor: que nos amemos todos como Él nos amó.

 

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