Teléfono: (55) 52 08 32 00    Mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Lectio Divina Día 2 ( 11-02-2016 )

Lucas 9, 22-25

 

LECTIO DIVINA

JUEVES DESPUÉS DE CENIZA

Lc 9, 22-25

 

Oración Inicial:

                Te rogamos, Señor, que inspires con tu gracia nuestras acciones y las acompañes con tu ayuda para que todas nuestras obras tengan siempre en ti su principio y por ti lleguen a su buen término. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

Lectio:

22Luego les dijo que Hijo del hombre tenía que sufrir mucho, que sería rechazado por los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; que lo matarían y que al tercer día resucitaría. 23Entonces se puso a decir a todo el pueblo: El que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga. 24Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará. 25Pues, ¿de qué le sirve a uno ganar todo el mundo si se pierde a se arruina a sí mismo? Palabra del Señor.

 

Meditatio:

La cuaresma es el camino con Jesús hacia la Pascua que expresa en esta Primera Predicción de su Pasión y las condiciones para seguirle, convirtiéndonos en sus discípulos misioneros. Es muy importante el notar antes que nada en esta lectura que Jesús, el Hijo del hombre, “tiene” un destinó que cumplir de acuerdo con la voluntad del Padre: “Tengo que ir a Jerusalén para morir”. Esto dijo cuando tenía doce años: ¿No sabían que debería estar en la casa de mi Padre? Les dijo a María y José (2,49). Cuando lo querían retener en Cafarnaúm les dijo: “Tengo que predicar el Reino también en otras partes” (4,43). Cuando Herodes lo busca para matarlo dijo: “Hoy mañana y pasado mañana tengo que continuar mi viaje…”. Una y otra vez Jesús les dijo a sus discípulos que tenía que ir a la cruz, “ser rechazado” por el tribunal supremo de su pueblo (sanedrín) compuesto por “los ancianos” (terratenientes ricos) los jefes de los sacerdotes (la alta burocracia del Templo) y los maestros de la ley, quienes lo matarían (por medio de las autoridades romanas), pero que esto no terminaría en fracaso, pues “al tercer día resucitaría”. Jesús sabía que tenía que llevar a cabo su destino, porque la voluntad de Dios era la suya. Tenía que cumplir sobre la tierra la meta para la que había sido enviado. El cristiano como su Señor es alguien que debe también cumplir un destino.

 

 

Las condiciones para ser discípulo de Jesús son las siguientes:

  • Primero: “debe renunciar a sí mismo”. Esto significa ignorar nuestra propia existencia. Tratar nuestro yo como si no existiera y no como si fuera lo más importante del mundo. Para seguir a Jesús debemos anonadar nuestro yo, como dice S. Pablo “Vivo yo, pero ya no soy yo sino es Cristo” el que vive en mí (Gal 2,19).
  • Segundo: “debemos tomar nuestra cruz cada día”. Jesús sabía muy bien lo que era la crucifixión. Cuando era apenas un muchacho Judas el galileo se rebeló contra Roma en la ciudad de Séforis, que estaba a unos cuantos kms, de Nazaret. La venganza de Roma fue rápida, Séforis fue incendiada, sus habitantes vendidos como esclavos y dos mil rebeldes fueron crucificados y sus cruces fueron puestas a lo largo del camino como escarmiento para todo el que se rebelara. Tomar la cruz quiere decir estar preparados para enfrentar situaciones parecidas por lealtad a Cristo y al Reino de Dios.
  • En tercer lugar tiene que “perder su vida por mí para poder salvarla…”. Los criterios del mundo tienen que ser trastocados, cambiados. En efecto, la pregunta no es: ¿Cuánto puedo ganar, obtener, sacar, sino que tanto tengo que dar? La pregunta no es ¿Qué tanta seguridad tengo en este mundo, sino qué es lo que tengo que hacer de recto, de justo, cómo tengo que entregarme; no, que es lo mínimo permisible que tengo que realizar sino qué es lo máximo posible?

Ser cristiano no solo significa saber el Credo o rezar tales y cuales oraciones, sino conocer tener experiencia de Cristo, tener un encuentro vital con él. Cuántas veces nos extrañamos que alguien nos pregunte si hemos tenido un encuentro con Jesucristo. La respuesta inmediata sería: ¡Claro que sí! En mi bautismo, en la predicación de la Palabra de Dios, en la meditación de la Biblia, en mi Confirmación, en el sacramento de la Reconciliación en la Sagrada Eucaristía donde Cristo está real y verdaderamente presente, cuando hago oración, cuando practico la caridad, reconozco a Cristo presente en el hermano. Ser cristiano significa ser consciente de que ha recibido la vida no para conservarla para sí, sino para entregarla por los demás, como dice S. Pablo: “Con gusto me gastare y desgastare por el bien de sus almas”. (2Cor 12,15).

 

Pbro. Dr. José Jesús Arriaga Martínez

Sobre nosotros

Descripción de APMT

Galería de imagenes

Nuestro Boletín